miércoles, 19 de enero de 2011

Marce, 1954


Llegué dos horas antes a la iglesia. Coloqué con cuidado las flores y me senté en el último banco.
- Gracias- susurré entre lágrimas- gracias por ayudarme aquella vez, como tantas, pero aquella en especial.
"...Yo entonces tenía 19 años. Lloraba desconsoladamente en la plaza del edificio consistorial. El pueblo como siempre estaba desierto. Estaba sola, se habían ido, todos. No tenía nada que hacer la tienda estaba cerrada. Solo Papá sabía donde estaba la llave, pero él ya no estaba. En casa no se oía a Mamá cantar sus coplas mientras hacía la cena. Su voz se apagó para siempre, siempre. Lola no me contaba nada de sus sueños, de ir a Madrid y encontrar a un buen novio, carnicero, que la quisiera. De los nombres que les pondría a sus hijas, de su coche... Jamás volvería a reírme con ella, jamás.
- Marce, ¿Qué te pasa?
Era el párroco del pueblo había llegado el año anterior. No sé de qué me conocía, yo hacía mucho que no iba a misa...
- ¡Don Antonio! ¿Cómo sabe mi nombre?
- ¿No eres tú la hija de Leoncio y Marina?
- Si, soy yo.
- No llores.
Después me dio la mano y entramos en la parroquia. Cogió un libro muy gordo y buscó entre sus finas páginas.
- Mira, lee.
- Es que yo no sé leer don Antonio, lo siento.
- "Dios es Amor" eso es lo que pone..."

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