martes, 19 de abril de 2016

Volver a creer

Llegué a sentirme completamente muerta. Olvidé lo que era reírse a carcajadas y empecé a beber. Estaba sola y me sabía extraña. Aquella mañana además, tenía una reunión importante y no encontraba la minifalda negra que suelo ponerme para esas ocasiones. Me duché y recé para encontrarla. Mi whisky de anoche descansaba en el suelo y el cenicero estaba desbordado de colillas. Lo recogí todo y encontré la falda debajo de la cama. Me pinté los labios y, cigarrillo en mano, salí a perder otra vez el metro. En Nueva York, la vida transcurre entre esquinas y cruces de avenidas y, a las 9 de la mañana, todo huele a café y gasolina. Odio coger un taxi pero llegaba tarde así que no tenía elección. 

No había desayunado nada y se me había olvidado la colonia. Me subí las medias en el asiento de atrás y me calcé unos tacones con los que solo podía andar cuando estaba borracha. Mis Jimmy Choo, siempre los llevaba para ocasiones importantes. Aquel día, conocería a uno de los clientes más importantes con los que había tratado mi empresa, y necesitaba hacer mi mejor trabajo porque desde hace meses perdíamos dinero por una operación que hice mal. Eran las 9.45 cuando entré en mi despacho y me dijeron que Mr. Nollan estaba en la sala de reuniones esperándome. Siempre está bien llegar un poco tarde por aparentar estar ocupadísima. Resultó que era Mr. Nollan quien de verdad estaba ocupado porque había mandando a su asistente. Así que le dije que necesitaba una reunión urgente con su jefe, porque no podía hablarlo más que con él. Pura estrategia. Acabé en uno de los mejores restaurantes de la ciudad enfrente de Scott Nollan, el tipo más humilde y genial que jamás había cenado conmigo.

-Siento que esto parezca una cita, pero era el único hueco que me quedaba.
- No se preocupe, lo que tengo que hablar con usted hará que deje de parecerlo. 
- Tutéame, por favor.
- Está bien.

Creo que llegué a mi casa a eso de las 4 de la mañana, con solo una copa de vino encima y muchas ganas de tener más asuntos que hablar con Scott - Mr. Nollan. Conseguimos un contrato favorable con su empresa y empezaron a surgir un montón de problemas por los que Scott necesitaba cenar conmigo casi todos los días. Gracias a sus historias y a sus silencios, pude darme cuenta de que ni el whisky ni mis tranquilizantes podían darme la paz que él me transmitía con sus interesados ojos, o con lo muchísimo que le gustaba mi risa, con sus comentarios simples sobre la ropa que llevaba y lo mucho que le gustaba mi perfume. Hace tres años de aquella primera reunión, y mañana creo tendremos la última en la que reservaremos mesa como Mr. Nollan y Ms Beeler. Estoy deseando reservar mesa como Mr y Mrs Nollan. Espero que la reunión de mañana sea la definitiva, Scott dice que tiene un asunto muy grave que tratar conmigo... 

domingo, 21 de febrero de 2016

Desgarro

Creían tener el mundo bajo sus pies. Creían ser felices hasta el extremo, pero se toparon con un vacío inexplicable para sus inocentes almas. Incapaces de llenarlo, en vez de retirarse del combate, siguieron luchando hasta agotar sus fuerzas, hasta olvidar sus sueños, hasta perderlo todo... No supieron dónde llamar para encontrar el valor necesario, para darse cuenta de que no caminaban en la misma dirección, para decirse a la cara que, ciertamente, se habían equivocado. Poco a poco fueron minando sus autoestimas, llegando incluso a anular la capacidad de amar sinceramente, como hicieran en un principio. Llegaron a ser insensibles al sufrimiento. Inertes cuerpos que caminaban a veces agarrados de la mano, y otras confundidos por el ser que les acompañaba. Las lágrimas sustituyeron a las canciones que llenaban sus horas y los pianos dejaron de sonar. 

Un día, en el silencio que empezaba a ser narrador de sus historias, ella levantó la voz bañada de lágrimas y esbozó un adiós, no un hasta luego. El adiós más largo que jamás había pronunciado. Entonces vieron como sus caminos en realidad nunca fueron el mismo, que sus ilusiones no eran sueños vistos desde diferentes perspectivas, sino distintos modos de vivir. Tardaron en encontrar sus vidas, en recuperar sus sueños, en ser capaces de amar sinceramente. Pero con los años, se dieron cuenta de que solo podían agradecerse el uno al otro las lecciones aprendidas, el perdón concedido y el amor recibido, que aunque fue incompleto, siempre fue sincero. 

sábado, 6 de febrero de 2016

Fotografía

Quitando el polvo el otro día, me encontré con esa foto que tanto te gustaba. Estamos los dos muy jóvenes, tú tendrías 28 años; acababan de darte esa plaza en Londres y yo había ido a verte. Salimos apoyados en una cabina telefónica, yo me río a carcajadas y tú me miras como con ganas de darme un beso. Me puse a buscarle un marco por toda la casa y no di con ninguno de su tamaño. La he colocado en uno mucho más grande que la foto, encima de mi mesilla de noche. Ahora la miro siempre al acostarme, rezo y te dejo darme el beso que querías darme en la foto. Cómo echo de menos hablar contigo después de cenar, tus ojos a mi lado por la mañana, tú leyendo en el sofá... Me siento valiente, ¿sabes?, valiente de poder mirar la foto cada noche, de no hundirme en la miseria después de hacerlo, de poder salir de la cama todas las mañanas y tener ganas de desayunar. Hace cinco años que no abro ninguno de los mil álbumes que hicimos aquel verano. No me atrevía, no podía revisar toda nuestra vida y no pensar que Dios era injusto conmigo, no podía no reprocharle cada mes de febrero que había pasado sola, sin poder celebrar nada. Ahora voy mejor, sé que te estás riendo de esto pero no tiene ninguna gracia, no llega el día que pueda decirte a la cara de nuevo lo muchísimo que te echo de menos. Ordeno muchas veces tus jerséis y debo parecerles a todos una loca. A las niños no se lo cuento, pero plancho de vez en cuando tus camisas, no porque quiera, sino porque me las encuentro, todas arrugadas al fondo de cualquier cajón y no puedo no pensar que te la vayas a poner arrugadas. Son como ángeles, un poco crueles, pero ángeles, que me hacen repensarte a cada hora. Ya soy una vieja boba, y me quejo mucho, pero quiero estar contigo, o que tú vuelvas a estar aquí. No sabes la de nietos que te estás perdiendo, les cuento siempre tus historias pero siempre pienso que tu versión era mejor. A las niñas les cuento lo maravilloso que eres, que eras, y siempre me piden que les repita lo que nos pasó en Praga con el chico del taxi, les encanta esa historia. 

Hoy al mirar la foto antes de cerrar los ojos, he repetido eso que me decías siempre, "esperar no es nada malo, si esperas encontrarás recompensa". Llevo esperando ya muchos años sola, espero que hoy sea la última noche que miro la foto antes de dormir. 

domingo, 31 de enero de 2016

No consigo olvidar

Fueron muchos meses, un par de años. Todo son recuerdos, y mi memoria sigue siendo tan buena como cuando nos conocimos y me preguntabas las listas de vocabulario en portugués. Me acuerdo de todo. 

- Está bien, dime tres defectos tuyos. 
-Ahm... la curiosidad mató al gato Miriam, no quieras saberlos. 
- Por favor, dime en tres palabras qué es lo que más odias de ti. 
- Hablo mucho más de lo que querría porque me siento en la obligación de llenar los silencios vacíos en una conversación, y acabo diciendo chorradas. 
- ¿En serio? Yo cuando estoy muy nerviosa hablo demasiado...
-Llevas muy callada toda la noche, me alegra saber que estás a gusto conmigo. 
- Jaja, no seas flipado. No he hablado mucho porque... pues en realidad no lo sé. Supongo que porque hablabas tú.
- Dime, ¿qué es lo que más odias de ti?
-Ya sabes que también hablo de más cuando me pongo nerviosa. 
-Bueno, pero eso es solo una cosa.
- No quiero...
-Está bien, en realidad no hay prisa, tengo toda la vida para descubrirlo. 
-¿Toda la vida?
-Eso he dicho.

No quisimos cumplir ese toda la vida, pero llegaste a tener todo mi corazón en tus manos. Aquella primera noche juntos, cantando y hablando de lo más secreto de nosotros, de las últimas vacaciones que habías pasado en Brasil y de la de tonterías que habías hecho. Yo en mi cabeza iba perdonándotelo todo, porque estaba ciega, feliz y borracha de ideas de un futuro maravilloso. El otro día en una peli, decían que cuando algo es demasiado bonito para ser cierto es que no lo es. Yo no quiero creérmelo, pero en nuestro caso era así. Es como esa otra canción. Sentíamos que nuestras fotos parecían en color mientras el mundo daba vueltas en blanco y negro. Pero no pudo ser, éramos un error en el guion, demasiados puntos suspensivos. Demasiadas alegrías al mismo tiempo. Cuando hay dificultades, el amor se pone a prueba y el nuestro no pudo continuar. Seguimos hablando de más. Yo sigo acordándome de todo y tú queriendo encontrar la felicidad; como todos. 

domingo, 24 de enero de 2016

Una locura

Uno de los sentimientos que más me gusta es el de saber lo enorme que es el mundo, lo poco que lo conozco y la de años que me quedan para poder conocerlo. Como traductora freelance, recibo ofertas de todo el mundo y me abruma esta sensación continuamente.

"Besos desde Taipei, María", "Saludos desde Oslo, Liam", "Aquí ya es de noche, un abrazo desde Beirut"... En fin, que gracias a todos ellos voy conociendo el planeta y sin embargo nunca he tenido el valor de lanzarme a visitarles a todos. Hace años me hice una promesa, intentaría entrar en contacto, más allá de lo profesional, con alguno de mis clientes, sin más intención que la de conseguir visitar alguno de todos esos países en los que se publicaban mis humildes traducciones. La mayoría son artículos científicos o documentos oficiales; desde cartas de recomendación hasta minirevistas de biotecnología.

El proceso de selección de mi destino sería minucioso y siguiendo una serie de criterios. Sería un país fuera de Europa, tendría que tener como lengua oficial alguno de los idiomas que yo hablo (que nunca es fácil, porque el árabe, el japonés y el chino quedan fuera). Me dediqué a ello durante el mes de marzo, planeando aterrizar en alguna parte del mundo a principios de junio. Ahorré desde diciembre del año anterior y por fin reservé los billetes a mediados de mayo. Casi en el límite del plazo que me había fijado.

Escribí a François el 13 de marzo y me contestó tres semanas después, diciéndome que le encantaría quedar conmigo un día en cuanto llegara. François es ingeniero aeronáutico, yo llevaba traduciendo sus artículos desde hace tres años. Jamás nos habíamos visto. El 2 de junio aterricé en Québec con muchísimas ganas de hacerlo todo. Me iba a quedar un mes para recorrer todo lo que me diera tiempo. Quizá elegí un país muy grande, el caso es que me enamoré. François me dio listas y listas de sitios que visitar y me alojó en casa de un amigo durante todo el mes. Quedamos un día a tomar café y después otro a cruzar el río en bicicleta, y luego a visitar Montréal... Conocí los rincones más bonitos de Québec a su lado y nos casamos ocho meses después de que mi avión llegase al aeropuerto.

Québec en invierno se cubre de nieve, la gente sale a patinar sobre el St. Laurent congelado y el mejor plan es quedarse en casa con una taza calentita. La vida cuando es una locura, es mejor. Yo cometí una locura hace seis años, y aquí sigo, viva y feliz. Ahora traduzco desde el otro lado del mundo, pero sigo queriendo ver más. François dice que India, a mi Nueva Zelanda lleva tentándome unos meses. Veremos dónde podremos ir al final, aunque creo que para los niños será más cómodo pasar unos días en las playas del Pacífico... 

martes, 19 de enero de 2016

Take a step -

Me levanto muchas veces con ganas de té y no café, pero irremediablemente termino tomando un descafeinado con galletas. Esas contradicciones hacen de mi vida un sinsentido quizá, pero es lo que soy, una tea person que toma descafeinado. Hay días que querría coger el bus pero como sé que tarda más, termino leyendo cualquier cosa en el metro. Y lo mismo pasa con mi trabajo. Siempre quise ser fotógrafa pero soy diseñadora de páginas web. Diseño los sitios online de otros fotógrafos y con el pago del alquiler, el abono y la comida, se me va el mísero sueldo y nunca tengo para comprarme una cámara de verdad.

Hoy en cambio he desayunado Earl Grey con cereales y he esperado 10 minutos el bus. He llegado al despacho de mi jefe y le he dicho que dejo el trabajo. No ha parecido escandalizarse, lo que me ha ofendido bastante, dado la de horas que he perdido editando páginas mediocres haciéndolas parecer geniales sin conseguir siquiera que él se aprenda mi nombre... Acto seguido he llamado a mi madre para decirle que hoy iba a comer a su casa pero que llevaba yo la comida, tenemos que celebrar esto. No se crean que se me ha ido la cabeza. Ayer, volviendo aburrida del trabajo, se me ocurrió la brillante idea de mirar el mail y vi que una empresa de diseño de Ámsterdam me proponía dirigir un proyecto nuevo con ellos. Les envié mi currículum hace seis meses para colaborar en otro proyecto, ¡pero no dirigirlo! Voy a viajar por fin después de tres años de esclavismo, de ahorros sin un fin concreto, de mañanas de café descafeinado y de paseos por el metro de Madrid. Voy a conocer Ámsterdam y voy a empezar algo nuevo, (además, me han dicho que me proporcionan una Canon). 


A veces hay que lanzarse a la piscina, subirse al bus, invitar a comer a tu madre, tomar té y decirle a tu jefe que se vaya a la mierda. 

sábado, 2 de enero de 2016

Don't Know Why

No puedo escuchar a Norah Jones, me cuesta hacerme un capuccino o ir a Berlín sin pensar en ello. Estaba bien, haciendo lo que me gusta y conociendo a gente maravillosa todos los días. Pero al despertarme me daba cuenta de que había soñado con ella, nos agarrábamos fuerte de la mano y paseábamos por Ginebra sin pensar en nada. El otro día me enteré de que he sido seleccionado para unas prácticas en Berna, será la quinta vez que las pido, pero parece que Dios no quería que me las dieran hasta ahora, quizá para cambiar las calles de nuestra ciudad por otras. Para que me olvidara un poco de todo.
Llegué a Berna el 2 de febrero, justo después de mis exámenes. Había terminado por fin la carrera y me aventuraba a lo siguiente, al futuro incierto que tanto asusta a muchos. Me despedí de todos y cogí el tren a las 10 de la mañana, después de la primera misa en la catedral. Y recordé, allí, en esa estación que recorrimos tantas veces juntos, cómo me cambió la vida estar con ella. 

[...]

Mis tareas en Berna se limitan a hacer lo que más me gusta, además, puedo hablar en alemán y reírme de vez en cuando al descubrir otra curiosidad del variante suizo. Asisto a reuniones y redacto informes en los tres idiomas principales de la Unión Europea, por primera vez en mi vida creo que lo que hago me llevará a donde quiero ir.  

Por las mañanas, suelo tomarme un capuccino, mientras leo, en el Starbucks más cercano al Bureau des Affaires Européens, que es donde trabajo. Hoy no había ni un sitio libre para sentarse así que le pregunté a una chica si le molestaba que me sentara con ella en la mesa. 

-Entschuldigung, macht es dir etwas, wenn ich hier sitze?
-Nein, natürlich nicht, bitte.

Sin planearlo, hemos empezado a hablar, he cerrado el libro y solo podía mirarla a los ojos. Y ha sido ahí, donde mi memoria ha empezado a dejar sitio al futuro y poco a poco el pasado ha tomado su lugar, ha desaparecido parcialmente. Ella se llama Maria y es de Berna, trabaja como profesora de francés en una escuela primaria de la ciudad. 

-Und dir?
-Ich bin Clemens, ich mache ein Praktikum hier im DEA Büro. 

De repente he sentido que todas las puertas que Agnes había abierto, se cerraban poco a poco y daban paso a Maria, a todo lo que podría pasar. He entendido que lo que para mí resultaba imposible, para Dios no lo es y Maria es la prueba de ello. Yo voy a ser realmente feliz, voy a vivir la vida que me ha tocado vivir y lo demás queda perdonado, olvidado y aprendido. 


a tí, al que tanto quise y para el que sigo queriendo lo mejor. 

jueves, 31 de diciembre de 2015

Happy New Year,

Nunca me duermo en el tren, suelo ir leyendo o mirando por la ventana. Pero aquel día estaba agotado. La noche anterior me la había pasado escribiéndole a Eloise una carta, quería empezar el año siendo sincero. Me hice varios cafés y puse la canción que tanto le gusta. No sé escribir, no lo hago muy a menudo. Me paso el año metido en un laboratorio y solo hablo de células. Ahora tocaba hablar de ella, de cómo se había colado en mi vida sin avisar, cómo se había convertido en mi distracción favorita. Necesitaba decírselo bien, claramente, sin crear malentendidos y sin resultar cursi. Yo no sé escribir, así que me tiré toda la noche reescribiendo borradores. A veces, yendo al trabajo lograba escribir la carta de manera brillante en mi cabeza y al abrir el ordenador no salía ni una coma. A la mañana siguiente, cogía el tren para celebrar el fin de año con mis padres, así que dejé la carta en su buzón. Sé que a ella un mail no le habría hecho tanta ilusión como una carta. Nada más dejar que se deslizara dentro de su buzón, casi me dejo los dedos intentando recuperarla, pero ya estaba hecho. Ya se lo había dicho todo, o casi todo.

 Me desperté a dos paradas de llegar a mi casa. Ese año no había nevado y eran las primeras navidades que, por trabajo, había pasado en Londres solo con mis tíos. Estaba deseando llegar a Grimsby y pasear por la playa pensando en qué diría Eloise de mi carta. Estaba aterrado en realidad, ella es una mujer muy exigente, escribe mil veces mejor que yo y seguro que mira el buzón todos los días. Cinco días después de Año Nuevo llegó una carta con una caligrafía increíble. Pensé que yo también debía haberle escrito a mano... 

"Querido Robert:

tu carta fue sin duda la mejor forma de empezar el Año Nuevo, me llenaste los ojos de lágrimas de alegría. Me encanta que hicieras esto del correo postal, me hiciste sentir como una protagonista de Jane Austen. Estoy de acuerdo contigo en todo, creo que deberíamos dejarnos de indirectas y cafés con amigos e irnos a cenar algún día los dos solos. Estoy deseando llevarte a un sitio que desccubrí el otro día cerca de Covent Garden. No quiero alargarme mucho porque sé que te llegará la carta casi cuando tengas que volverte a Londres y espero verte en cuanto estés ya aquí. 

Repito que me ha encantado lo de que sea una carta. Sin embargo, si te parece bien, te dejo mi número para que me contestes con una llamada. Soy demasiado impaciente como para esperar otra carta. Siento ser tan víctima de este siglo de nuevas tecnologías. 

Feliz Año, 

Eloise". 

sábado, 26 de diciembre de 2015

it's cold outside

Esperar el autobús en invierno no es mi pasatiempo favorito. Se me había acabado la novela y con el frío que hacía no tenía valor ni para encenderme un cigarrillo. Empecé a memorizar el texto de los estrenos de cine que anunciaba un cartel pegado en la parada. El autobús estaba tardando más de la cuenta. Sabiendo que, por la dichosa ley de Murphy, en cuanto me encendiera el cigarrillo llegaría el bus, me encendí uno. Pero no llegó el bus sino tú. Corriendo y con el abrigo imprudentemente desabrochado para el frío que hacía, me preguntaste: 

-¿Llevas mucho tiempo esperando?
- Siglos. Habrá pasado algo. 
-¿Tienes otro para mí?
- Que conste que te lo doy con la esperanza de que no puedas acabar de fumártelo porque llegue enseguida.
-¡Qué cruel! Pero gracias...
- De nada. 

No me quedaba casi batería en el móvil pero necesitaba mirar si en la página de transportes ponía algo así como "huelga de conductores para fastidiarle las vacaciones", "llegue a casa para cenar en Navidad como mejor se le ocurra" o mejor: "fúmese otro, llegará enseguida".

-En la página esa no ponen más que los horarios, no creo que digan nada de nuestro bus. 
- Genial. ¿No te espera nadie para cenar?
-Claro que sí, por eso venía corriendo. 
- Y si no llega nunca, ¿cómo piensas llegar a tu casa?
-Andando...
- ¿Andando? Pero, ¿dónde vives?
- Cerca de West Ham, a 1 hora de aquí andando. 
-Yo voy hacia allí, cerca del estadio. ¿Pero de verdad vas a ir andando?¿Con el frío que hace? 
-Si vienes tú sí.
-¿Te estás quedando conmigo?
-No me malinterpretes... Hacemos una cosa. Tú quieres ir andando pero no te atreves a hacerlo sola, right? Yo voy a ir de todas formas pero no me quedan cigarrillos, right? Yo pongo la compañía y tú el tabaco. ¿Te parece justo?
- Lo que no me parece justo es que mi hermana haya preparado su primera cena de Navidad y yo vaya a llegar tarde o no llegar. Así que vamos. Pero solo te voy a dar tres, tres máximo. Right?

Estuvimos andando y hablando, como dos perfectos desconocidos que éramos, me enteré de que trabajabas en mi empresa pero no conseguí averiguar si nos habíamos cruzado alguna vez. De repente media hora después...

-Creo que sería más civilizado pedir un taxi.
-¿Perdón? 
- No es que no se me haya ocurrido antes, pero prefería ir andando con la borde del departamento de diseño antes que invitarla a un taxi y perder la oportunidad de contarles a todos el 26 que no eres tan arpía como todos se creen..
-¿Esto era una apuesta?
-Of course, yo siempre vuelvo en metro. Odio el autobús. 
-Eres idiota. Pero de los de concurso. Me alegro que toda la empresa vaya a saber que no soy una bruja, seguro que dejarán de tomarme en serio. Gracias, Will.

Pedimos un taxi y fuimos en silencio hasta la casa de mi hermana. 

-Si cenas conmigo el 26 no le contaré a nadie que eres un encanto.
- Ok. Lo hago por conservar mi reputación, y yo diré dónde cenamos. 
-Perfecto, ya tengo tu número. 
-¿Cómo? 
- Acabas de llamarme porque no encontrábamos mi teléfono, ¿te acuerdas?
- Whatever... Merry Christmas Will. 
-Merry Christmas, Amanda. 

C'était un je sais pas quoi

Mi cabeza da vueltas desde por la mañana hasta que me acuesto. Supongo que nadie se da cuenta, pero yo pienso en mil cosas. No puedo ver una película sin hacerme mil preguntas, o leer un libro sin replantearme mi existencia. A veces es un auténtico calvario. Pero el otro día, por unas horas, volví a ser yo. Sonreía porque no podía evitarlo;  fue hablando contigo. Te vi y me quedé tranquila, nos presentamos y ya estábamos hablando. Me gustó ver que dentro de todos los comecocos que mi cerebro se ha montado últimamente, sigue estando la verdadera yo. No me atrevo a transcribir una a una las cosas que nos contamos pero las recuerdo con claridad. Recuerdo el color de tus ojos y la forma de tu sonrisa. El tono de tu voz va borrándose poco a poco pero sigue siendo tranquilo e interesante. Supongo que tú estabas tan normal, pero yo me sentí con ganas de decir eso de 'you made my day'. Habría seguido hablando toda la noche, pero a vosotros no hay quien os entienda y no supe por dónde seguir. 

Desapareciste. Sin embargo, yo he vuelto a soñar. 


Gracias por nada. 

viernes, 11 de diciembre de 2015

Friendly kind of freak

Los viernes por la tarde no corrijo exámenes ni preparo clases. Los viernes ordeno el piso. Me centro en la cocina y la dejo como para que la hagan fotos. Mi cuarto y toda la ropa acumulada durante la semana. Los papeles de los dos mil seminarios de la uni a los que quiero ir pero que nunca tengo tiempo. Luego pongo una lavadora y mientras intento llamar a mi madre, que nunca puede hablar, porque está conduciendo o lo que sea y termino hablando con mi hermana que me cuenta del instituto y de lo tontas que son las niñas de su clase. Le cuento que aquí en Berlín los institutos deben ser muy distintos. Cuando termina la lavadora, la tiendo, sabiendo que no se secará hasta quizá mañana por la tarde. Me hago un té, con poca azúcar, y si queda del bizcocho que me hice el domingo pasado, pues con bizcocho de zanahoria. Me gusta sentarme a leer en el salón, mientras escucho el ruido de la calle. Mi cuarto ya está. La cocina y el salón también. El cuarto de baño le toca o a Tilman o a Agatha, ya no me acuerdo a quién le toca los viernes. Agatha suele llegar sobre las 6h30 con un plan maravilloso que me salva de mi rutina y acabamos en cualquier mercadillo clandestino o en un concierto de mierda. Pero es un buen plan, porque la gente es lo que importa. A casi todos mis amigos los he conocido en clases de la uni en las que me cuelo, en la presentación de un libro en la librería española de Neuköln o en conciertos en algún garito de Kreuzberg. Agatha me ha enseñado un Berlín que no conocía y hace que me olvide de los exámenes de mis niños, de que en Madrid hace mejor tiempo, de que sigo soltera y de que era ella quién tenía que haber hecho el baño, porque los viernes le toca a ella. 


I wanna be as cool as Berlin
I wanna be future with a history
Out of tune but in my melody
Je m'en fous, but very trendy

domingo, 29 de noviembre de 2015

Inevitable delirio

¿Y por qué iba a mentir? Te echo de menos. Como a nadie. Te echo muchísimo de menos y ni siquiera te lo puedo decir. No sé que es peor, el no poder decírtelo o el querer. 

¿Por qué soy así? Contradictoria y loca. ¿Cómo puedo estar aquí llorando como una imbécil porque quiero contarte todo lo que me está pasando? Porque quiero que me repitas que todo va a salir bien. Porque de repente quiero volver a contar contigo. Quizá es que soy una caprichosa, o que no sé lo que quiero. O que mi memoria prefiere no acordarse de las lágrimas de tristeza que llenaban mis noches durante la última primavera que pasamos juntos. Mi memoria prefiere torturarme con el recuerdo de tu compañía, con nuestros bailes, con nuestra canción, con tus iniciales rondándome la cabeza. Me hace escuchar tu voz en la boca de otros que hablan tu idioma. Le gusta que siga derramando lágrimas durante el invierno. Ella prefiere recordarme lo feliz que fui, me hace recordar el olor de tu ropa, y el sabor de tus besos. Es una maldita que está consiguiendo volverme loca. Ya no me deja ni soñar. Quiero que lo sepas. Te echo de menos. 





Espero que tú también.