viernes, 2 de junio de 2017

Calendarios

Hay inviernos que duran demasiado, hay eneros que no se acaban y febreros llenos de semanas. Sin embargo, me encanta que vuelvan, me encanta levantar la hoja del calendario y ver que pone enero, en todas las lenguas posibles porque sigo poniendo los calendarios que me regalabas de tus viajes. Adoro el sentimiento de nostalgia de echarte tanto de menos que se me anude la garganta y me salgan pequeñas lágrimas que no duran ni un minuto. Hay inviernos que duran demasiado pero nunca tanto como el que pasamos aquel año, jamás podría haber imaginado que no te volveríamos a ver. Recuerdo despedirte en el aeropuerto el dos de enero, cargado de comida en conservas porque no te hacías con la cocina de aquel piso de Rotterdam, papá y yo no llegamos a verlo nunca. No pudimos ir a recoger tus cosas, era demasiado para los dos. Hay inviernos que duran demasiado, pero todos son pequeños comparado con la alegría que viví el día en que te vi por primera vez. Recuerdo todo tan bien, papá dirá que es mi memoria, pero yo sé que la tengo normal como todos los demás. Me viene a la cabeza la imagen de tus manitas agitándose en el aire para pedirme que te sacara de la cuna. No olvido la intensidad con la que gritabas porque te estaban saliendo los dientes, tu sonrisa el primer día de guardería, y lo que lloraste cuando supiste que no te podía acompañar yo. Te echo de menos en las cosas más inesperadas. Pocas veces llego a la cocina y sigue tu taza a medio beber del desayuno, tus hermanos lo dejan todo recogido. Ya no hay nadie, nadie que me descubre canciones nuevas y me haga escucharlas durante horas. Te echo de menos casi todas las horas. 

Dicen con el tiempo, las cosas se pasan, yo espero que nunca se me pase la ilusión de que llegue enero, y acordarme de cómo me mirabas la primera vez que estuvimos juntos. A ver cómo me miras la próxima vez que te vea. 

viernes, 26 de mayo de 2017

Satisfaction

Llevo toda la semana escuchando como un perro gime angustiado en el patio del edificio de la oficina. Empieza un poco después de las 9:30, cuando llego yo, siempre tarde. A veces, comentamos "pobre perro" " habría que ver qué le pasa". A mí se me ocurren mil cosas, puede estar muerto de hambre, de sed. Puede que su dueña se vaya pronto, y se quede solo hasta las 8:00 que vuelva cansada del trabajo, y solo le dé tiempo de sacarle 10 minutos por el barrio. Escuchando al perro se me ocurría también pensar cuántos de nosotros no estaremos así por dentro: solos, muertos de sed de algo más, deseando salir de donde estamos. Llevo 4 años encerrada en estas cuatro paredes; desde hace 2 meses, me reservo los martes por la tarde para buscar otro trabajo. De vez en cuando, me llegan ofertas maravillosas en Nueva Zelanda, en Italia o en Chile, y envío mi currículum corriendo, emocionada. Llego a casa y se lo comento a Lucas, y nos ponemos como tontos a pensar en cómo serán las casas en Nueva Zelanda, y quizá nos dura un par de días mirando precios de vuelos para allá, hasta que una semana después recibo un mail de "disculpa, hemos encontrado ya un candidato para el puesto, suerte en tu búsqueda" y sientes cómo se apagan las luces de la casa, con otro acento, como gimiendo de hambre, de sed de algo más. Pedimos todos los días que se cumplan los sueños que teníamos, y a veces, cuando dejo de quejarme, cuando tengo un día bueno, miro a mis hijos y entiendo que mi sueño está cumplido. Miro a Lucas, y entiendo que lo tengo todo, todo lo que siempre soñé. Se trata de no hacer de tu vida el trabajo, sino de saber que lo fundamental, lo que hace que tu corazón no deje de latir es la sonrisa de Gloria al llegar a casa, o la satisfacción de Marcos cuando ha terminado los deberes. La alegría de mi marido al despertarse a mi lado cada mañana.

 * * *
Ayer descubrimos que el perro vive en el 5º, parece que está solo, a su vecino han debido darle un trabajo en Nueva Zelanda y se ha ido a cumplir sus sueños. 


domingo, 2 de abril de 2017

Superbe

Fue cuando todas pensábamos que se había terminado. Que Ivy estaría acabada, que no encontraría la salida. Se conocían de las clases de teatro y los dos seguían ese ritmo de vida desenfrenado con aparencia legal, esa gente civilizada que en realidad cultiva una segunda identidad llena de extravagancias, y no todas sanas. Ivy estaba locamente enamorada de él, locamente hasta el extremo. Era una persona de extremos y sin embargo nunca habríamos adivinado cómo reaccionaría cuando Mel la dejó aquel día. Llegó a casa con una cerveza en la mano después de haber llorado hasta quedarse seca.

-Es un capullo.
-Ivy...

Nos quedamos sin palabras, nosotras siempre lo habíamos pensado, nunca quiso escucharnos. Cuando en una relación todo se vuelve como él es y no es una perfecta unión de dos individualidades irrepetibles, no suele ir por buen camino. Ivy se sentó en el sofá y siguió llorando como si no estuviéramos. 

-¿Qué quieres cenar?
-No tengo mucha hambre la verdad. 
-Ok...
-Estoy dándome cuenta de todo ahora, quizá es la cerveza. Era y es una mala persona y yo jamás le vi. Le quiero y le querré quizás siempre, pero no le necesito, no necesito nada que destruya lo que soy. "Soy el punto sobre tu 'i' , Ivy, somos la unión perfecta", seguro... 
-Ivy, deberías beber agua y acostarte. 

Ella lo daba siempre todo por él. Si tenía que ayudarle con sus redacciones de alemán, le ponía hasta la última coma y todo con el mayor cariño. Si Mel necesitaba espacio ella se iba de viaje hasta que él volviera a estar bien. Nunca vimos que la suya fuera una entrega interesada, le quería, y se conformaba con que él quisiera seguir a su lado. 

-No eres el punto sobre mi 'i', Mel Granier, no necesito ningún punto, mi vida es una 'i' en mayúscula. Me lo voy a tatuar, una gran 'i' en el antebrazo. Yo necesito una consonante que alargue el sonido de mi 'i' que cada vez la haga más grande, más sonora y más bonita. ¿Llegará esa persona, Martha?
-Seguro que sí, Ivy, tú te mereces lo mejor porque siempre das todo, y algún día recibirás aún más.

Siempre había sido alguien sensible pero sensata, se dejaba llevar por el corazón unido siempre a la cabeza. Ivy era una 'i' mayúcula en toda regla. Era una personalidad arrolladora y todas sabíamos que siempre sería feliz. Aquel año se le cruzó un chico que se enamoró tanto de ella que jamás volvimos a ver a Ivy llorando en el sofá, y su sonrisa era cada vez más definitoria de lo que estaba viviendo. 

Hoy, al verla en el hospital con su niña, que acaba de nacer, no he podido no acordarme de la Ivy que se bañaba en aquella cerveza quitapenas que no tenía nada que ver con lo que ella es. Una 'i' en mayúscula.

sábado, 21 de enero de 2017

Conversação

- Cuando esté en Lisboa, voy a pintarme los labios todos los días.
- ¿Por qué?
- Ya sabes, para estar preparada. 
- ¿Para qué?
- Para lo que sea. Quiero estar a la altura... ¿No te suena Lisboa a esquinas inesperadas, a bares llenos de gente genial, a que siempre parezca que estás de vacaciones? ¿No te huele como a comida rica y eternas conversaciones con buena música de fondo? 
- Nunca he estado en Lisboa...
- Yo tampoco boba, pero,  ¿no te recuerda como a vivir en una peli y llevar ropa ideal todos los días, a tener excusa para ponerte sombrero y a que siempre haga bueno?
- No.
- Jo, Gloria, ¡que poca imaginación tienes! Pues a mí sí, y te prometo que en cuanto ponga el pie en Lisboa el lunes, me sentiré como si fuera agosto.
- Pues eres tonta, porque estamos a 21 de enero.
- Déjalo...

lunes, 7 de noviembre de 2016

Proposal

"Y es que es verdad que nunca te lo esperas. Siempre planeas hacerlo de una forma, que todo llegue cuando a ti te parece mejor, de la manera más adecuada, que no vaya muy rápido pero que tampoco te tenga esperando meses. No, jamás ocurre como te lo habías imaginado. Y, aunque lo digan mucho, no deja de ser verdad lo de que como ocurre, termina siendo la mejor versión de la historia.
 
Yo creía que tus ojos quedarían en el recuerdo, que tu olor en el jersey que te presté sería parte de mi memoria, pero no: aquel mes de febrero parecía llegar con miedo y ya cumplimos más de tres años. Qué quieres que te diga, no me lo esperaba.
 
Todo me parece parte del mejor de los guiones. Y ganaríamos todos los Oscars a mejor fotografía con las instantáneas que inmortalizó tu Canon aquel invierno en Amsterdam. Los kilómetros que hemos recorrido en la furgoneta de mis padres son equivalentes a la de veces que te planteas todo, porque eres impredecible, y cambias de idea cada cinco segundos. Eso me encanta.
 
No entiendo cómo ha pasado tanto tiempo sin que supiese que contigo todo iba a ser mejor, y al mismo tiempo, agradezco que me dieran algunos años para merecerte. Necesito que me lo repitas todos los días, que me quieras sigue pareciéndome increíble. Yo sé que jamás me cansaré de quererte.
 
Como te digo, no me lo esperaba pero no quiero seguir esperando, ¿te casarías conmigo este mes de mayo?"
 
- Sabes que hablar no es mi fuerte y estuve escribiendo esto para aprendérmelo, pero sabía que se me trabarían las palabras, ¿qué dices?
 

jueves, 13 de octubre de 2016

There's no deadline

Estábamos sentadas en el salón. Mi abuela suele ponerse un té a las cuatro de la tarde.
 
- ¿Quieres algo, Lucy?
-Sí, ponme otra taza a mí, por favor.
- ¿Quieres probar el bizcocho que me dejó tu hermana el otro día? Es de ciruelas, es más bien una tarta.
- ¿Nicole te ha hecho una tarta?
- Sí, desde que conoció a aquel chico en el curso de cocina no para. Ahora se han apuntado juntos a uno de repostería y está aprendiendo a hacer cosas increíbles.
- ¡Qué envidia! Yo soy bastante incapaz en la cocina, tendré que apuntarme a un curso de cocina y agenciarme a un chico como el de Lucy.
-Dice que se quiere casar con él, está muy contenta.
- Yo estoy desterrada a la soltería me temo, abuela...
- Pues nunca se sabe, yo a tu edad no conocía a tu abuelo todavía. Nos conocimos cuando me contrataron en aquel colegio de Cornwall. Iba en autobús desde mi casa y me lo cruzaba todos los días en la parada. Él dejaba allí a sus sobrinos antes de irse a trabajar. Teníamos 27 años recién cumplidos los dos. Y nos casamos al año siguiente. Ya ves, todavía tienes tiempo.
-No tenía ni idea de que el abuelo y tú os conocisteis tan tarde.
-No es ni tarde ni pronto, Lucy, es cuando tiene que ser.
- ¿Cómo era el abuelo de novio?
-Oh, era un hombre de pocas palabras y grandes ramos de flores. Preciosas flores que recogía en el campo y me traía todos los días al ir a buscarme al colegio. Dejé de coger el autobus y empecé a ir con él en el coche. Hablaba yo más que él, pero siempre sabía que decir, y yo cada vez estaba más segura de que teníamos que casarnos, de que nos iba a ir muy bien.
- Y cuando os casasteis, ¿cómo era?
-Pues igual, igual de estupendo. Siempre tuvo el doble de paciencia que yo y siempre me quiso mejor. Yo tengo demasiado carácter. Pero él me decía que a veces se asustaba de lo feliz que era a mi lado. Tiene que ser así, Lucy, alguien que se crea que no te merece. Alguien que se asombra de que cada vez le quieras más. Entonces te darás cuenta de que no llegó ni tarde ni pronto, sino que llegó, que era lo que tenía que hacer.
-Jo abuela, yo quiero lo que os pasó al abuelo y a ti.
-Lo tuyo sera mejor, boba, será tuyo.

domingo, 11 de septiembre de 2016

Clarita

Estaba a punto de graduarme en la universidad de Yale, hacía bastante frío aquella mañana febrero. Había llovido por la noche y estaba volviendo de una conferencia sobre el bilingüismo y sus efectos en la enseñanza de lenguas. Sorteaba los charcos, no quería estropearme los zapatos. Me había puesto mis zapatos de tacón, estaba a pocas semanas de graduarme, así que tenía que empezar a parecer una persona seria y profesional. Llegué a mi edificio y me dijeron que tenía una conferencia desde Atlantic City. Me quedé petrificada, "¿Qué se me ha perdido a mí en Atlantic City?"

-¿Sí? Buenos días.
-Buenos días, señorita Bartos, hemos recibido su recomendación de parte de su profesor de literatura francesa en Stanford, el señor Miller, para asistir a la conferencia panamericana. Sería sobre todo para la revisión de textos.
-¡Ah! El profesor Miller... ¡Oh! Gracias... Pues, ¿qué quiere que le diga? Que sí, que sí, por supuesto. ¿Cuándo empieza la conferencia?
-Este próximo mes de abril. Se celebra en Bogotá.
- ¿En Bogotá? Perfecto, sí.

Me había criado en Bogotá y sin embargo no había vuelto desde que aterricé en San Francisco en el 42. Mi padre amenazó antes de irme con que si me iba a Estados Unidos no pagaría nunca mi pasaje de vuelta, y así fue. Esta oportunidad me caía del cielo, me graduaría con esperanza de un trabajo y volvería a ver a mis padres.

*     *    *
La conferencia dio comienzo un 30 de marzo, yo me ocupaba, como me habían encargado, de la revisión y traducción de textos del español al inglés, redacción de actas y poco más. Todo tenía lugar en Capitolio del Congreso; recuerdo que los asientos se iban llenando a lo largo de la mañana pero sin embargo, las cabinas de interpretación, que se colocaban al fondo, estaban siempre encendidas y "funcionando". Un equipo de 6 intérpretes iba transformando los discursos en varias lenguas. 

-Claire, nos ha fallado un intérprete de español para mañana. ¿Podrías ocuparte tú? 

La interpretación en el 48 era una cosa muy nueva, cualquiera se ponía dentro de una cabina a ir desgajando las palabras y dándoles otro acento. Yo jamás había interpretado, recuerdo que las dos primeras veces fueron más bien desastrosas. Pero poco a poco fui cogiéndole el ritmo a los discursos, iba ordenando las ideas rápidamente en mi cabeza y las palabras salían cada vez más facilmente. Aunque el 9 de abril, con el asesinato del líder del Partido Liberal Colombiano, la conferencia terminó inesperadamente, mi carrera como intérprete no había hecho más que empezar. 

Hoy, 68 años más tarde ya no traduzco, ni interpreto; apenas tengo vista para leer. Sin embargo, cuando echo la vista atrás soy capaz de reproducir mis viajes, mis experiencias y contarlas no en uno o dos, pero en cuatro o cinco idiomas. A veces en la vida, se trata de estar en el lugar y en el momento preciso. Aquella llamada desde Atlantic City me llevó a descubrir un camino que mis planes nunca habían trazado. Tengo 93 años y puedo decir que, en la vida, las cosas no ocurren porque sí, aprovecha cada momento y míralo con la trascendencia que algún día pueda alcanzar. 

viernes, 8 de julio de 2016

Extrañar

- Lo he superado. Ya no me acuerdo de cómo se abrochaba los botones a contrarreloj antes de irse corriendo a no sé qué conferencia en el centro. Ya no se me queda en las camisas el olor de su perfume, ya no recojo zapatos del suelo, ni me encuentro mil cremas abiertas en el baño... Estoy seguro de que lo llevo mucho mejor ahora que hace dos segundos. 
-Papá...
-No digas papá como si fuera un enfermo, hija, que estoy realmente mejor que hace un momento.
-Papi, eso no tiene ningún mérito, lo que hay que conseguir es que vuelvas a estar como antes.
-¿Estás loca? Jamás volveré a estar como antes. Sin ella nunca seré como antes, sin ella no seré jamás nadie. Ella era mi todo, desde que empezamos a vernos empecé a salir de mí mismo... Ella también ¿eh? Ella mejoró, o eso decía, yo la veía inmejorable. Llena de tontunas en la cabeza sin verse de verdad. Cuando nos casamos, se le salía la sonrisa de la cara, estaba impresionante, ¿sabes? Imponente, toda de blanco entrando con aquella música en la iglesia... ¿Ves? De la música no me acuerdo, pero de ella, de ella siempre. Y cuando estaba embarazada le brillaba todavía más la cara, y se ponía esos vestidos de lunares como sacados de hace dos décadas, pero a ella le quedaban bien, y yo al parecer no tengo ni idea de moda...Pero bueno, vamos a dejar de hacer esto. Tengo que volver al ejercicio de no acordarme bien de las cosas... ¿Por dónde íbamos?
-Papá, recordando lo que tienes que olvidar solo consigues seguir acordándote...
-Ya lo sé tonta, por eso lo hago. Me encanta acordarme de tu madre. 

jueves, 7 de julio de 2016

Sacrificio

- Y vuelvo a ti, maldita ciudad que tanto mal y bien me ha hecho. ¿Volveré acaso a sumergirme en tus aguas? ¿a beber tus brebajes? ¿a hundirme en tus arenas? Repugnante calor y asqueroso ambiente. Vuelvo sin embargo a ti, maldita perra, que tanto dinero me robas. Que me sometes a la indigna actividad de comer contra el viento tragando granos de tu seca arena. Ríete de mí, si quieres, yo solo demuestro ser valiente, me enfrento a ti una vez más y surcaré tus mares por mucho que me cueste. Otra vez saldré vencedor y diré: no has podido conmigo. Oh, sí, vuelvo, pero será la última vez, porque...
-Ya basta Alberto, hijo, que solo es una semana. Te juro que no te vuelvo a pedir que vayamos a la playa, pero deja ya el drama. ¡Qué barbaridad!  

jueves, 30 de junio de 2016

The bay

La arena se me colaba entre los dedos y no quería pararme para quitármela, me daba corte, contigo al lado. Te fijarías en mis pies y me moriría de vergüenza. Además, parecería que no te estaba escuchando y sería mentira, podría, aún hoy, repetir cada palabra que me dijiste aquella tarde. La bahía de San Francisco nunca había estado tan vacía, y allí estábamos los dos, paseando, extraños todavía el uno del otro, pero deseosos de dejar de serlo en cualquier momento. 

-Espera, es que tengo arena entre los dedos y me molesta que no veas... 
-Ah, claro, claro, perdona. 
-No, si es un momento. Si quieres sigue andando.
-¿Eres boba? Y qué, ¿voy a andar solo pudiendo ir a tu lado?

Maldito romanticismo, y maldita memoria que hace que me acuerde de todo. Te miré, como una idiota. Supongo que la escena desde tu perspectiva era de lo más incómoda. Yo, sentada en la orilla, quitándome arena del pie. 

-¿Sabes? Me voy a sentar yo también. Total, llevamos andando toda la tarde y ya me estaba cansando un poco. 
-Pues fenomenal. ¿Habíamos traído agua o me lo he inventado?
-Te lo has inventado. 

Te me quedaste mirando, supongo que me puse roja.

-¿Qué pasa, Matt? ¿En qué piensas?
-No, en nada.
-¡Venga ya! Algo estarías pensando.
-He pensado que por qué no habíamos dado este paseo antes. Está muy bien. 
-Ya, no sé, nunca me lo había planteado.
-O sea, yo el paseo ya lo he dado otras veces. Digo juntos. ¿Por qué nunca hemos salido juntos a tomar algo?
-Pues ya ves, porque no se nos ha ocurrido...
-A mí se me había ocurrido ya muchas veces Pam, muchas. 

Desde aquella vez, decidimos que el paseo por la bahía sería nuestro. Pedimos que no lo cambiaran, que no pusieran ningún chiringuito, ningún puesto de tablas de surf. Que todo siguiera como aquella primavera del 2012, que todo fuera igual, que solo cambiáramos nosotros. Que con el tiempo nos quisiéramos más, y fuéramos cada día más felices. A partir de aquel 9 de abril, la bahía de San Francisco se convirtió en mi lugar favorito, y hoy, mirando el cielo gris de Liverpool me acuerdo de California, y pido tener un par de semanas para escaparnos allí otra vez. 

jueves, 16 de junio de 2016

You got what I need

Había mucha gente, pero no había mucha luz y empezó a sonar la música. Tú sonreías al otro lado de la habitación, estabas hablando con un amigo. Me empezaste a buscar, como cuando salías del metro sabiendo que yo te esperaba en la estación. Jamás me encontrabas a la primera, ni a la segunda, solo cuando me tenías a 10 cm, te dabas cuenta de que era yo. Entonces, me diste las manos y te besé, ignorando a todo el mundo, las cámaras y las luces. Empezamos a bailar y me susurraste al oído lo mucho que me querías. Empezamos a dar vueltas como aquel día de mayo viendo atardecer, solo que esta vez sabías llevar el ritmo. Me agarré el vestido para que no fueras pisándolo y me entró una risa tonta al verme de blanco bailando contigo. Me olvidé completamente de todos los que estaban allí, como testigos de lo mucho que nos queríamos, de lo felices que somos. Te miré a los ojos. Los míos se llenaban de lágrimas, eran de felicidad, pero eran un montón de lágrimas. Menos mal que llevaba maquillaje waterproof. Te reíste y me secaste las mejillas con un par de besos más. Se terminó la canción y te abracé, volviendo a cerrar los ojos a todos los que nos enfocaban con el móvil, capturando lo que siempre había sido solo nuestro. Ahora era un secreto a voces, estaba locamente enamorada de ti aquel día, hoy y creo que siempre lo estaré. 

Lo conseguiste. 

Baby, you got what I need. Baby, you got my sunshine... 

martes, 14 de junio de 2016

A más de 30º

El verano empieza cuando Maca, nuestra vecina, saca las sillas de la piscina al descansillo. Las tiene ahí, avisando que pronto empezará a bajar para ponerse muy morena, porque Maca se pone muy morena. El verano empieza cuando las persianas entran en modo noche desde las 9 de la mañana hasta las 8 de la tarde, cuando la boca te sabe a gazpacho a cualquier hora del día. Sientes que es verano cuando todas las horas parecen la misma, y si te preguntan, eres incapaz de decir en qué día de la semana estamos. El verano empieza con tus pantalones cortos y con mis complejos expuestos al sol. El verano es una canción dando vueltas en tu cabeza aunque en junio no sepas cuál será todavía. Son los paseos por la noche hasta las 3 de la mañana. El verano es no pensar en septiembre. El verano empieza con una tormenta en la playa o con un atardecer desde la cima de cualquier pico de la sierra de Madrid. El verano son tus ojos tan cerca de los míos que puedan rozarse nuestras pestañas. El verano son las guitarras de la gente sonando muy bien, es coger un avión o dos, es despedirse un par de veces. Huele a verano cuando huele a pescado frito, cuando tienes el bañador lleno de arena y ya pasas de lo mal que llevas el pelo. El verano es tener quemada la nariz y las mejillas, porque queda mono y así en las fotos se ve que estabas disfrutando. Cuando llega el verano todo se para y a la vez da vueltas sin parar, siempre hay cosas que hacer y nunca estás haciendo nada realmente. 

 El verano está aquí y yo bronceándome a la luz de un flexo...