sábado, 31 de marzo de 2012

La beauté

Como todos los sábados por la mañana, estaba sentada en el sofá del salón releyendo a Dickens. Budy Holly sonaba atronador y mi hermana extendía yema de huevo por su delicado cutis.

- Deberías hacerte esto Grace, es buenísimo para la piel y deja ver tu belleza natural.
- Eso no es precisamente natural, solo con aplicarte algo en la cara ya estás eliminando su naturalidad.
- ¡Qué pretendes! Estar guapa no es artificial, para mi es inherente a la mujer... Bueno a menos que seas como la pobre Debbie...
- Eres una superficial sin principios Linda..
- Mi único principio es la belleza también está en el exterior. Una chica no puede parecer bonita sin estar aseada, bien peinada y vestida. Sería imposible que un hombre se enamorara solo por hablar con la mujer más encantadora del universo si esta lleva pantalones sucios y un moño de hace tres días. 
- No, sería natural. Sería amor, algo que tú no conoces, ¿de verdad te gustaría saber que tu marido se casó contigo solo porque eras bonita?
- No, me gustaría comprobar que todas las horas que he dedicado a mi, que tampoco son muchas. Ya ves, una hora todos los sábados para disimular las horas que he pasado agachada fregando o lavando platos. Saber que este pequeño amor propio ha servido para que el hombre de mi vida se fijase en mi. 

Innevitablemente solté una enorme carcajada.

   Linda era una mujer hecha y derecha. Yo solo me metía con ella para que reforzara sus argumentos estéticos del amor. Era una chica maravillosa que a sus veinte años jamás había sido amada por nadie. Yo estaba segura de que alguien, el hijo del carnicero o los dos hermanos Johansson, pensarían alguna vez en echarle valor a la vida y declararle su eterno amor. Llevaban años persiguiéndola por las ferias de Mobile. Y ella seguía dedicandose esa hora y media larga todos los sábados.

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