viernes, 6 de septiembre de 2019

Tú y para ti

Y en el quehacer de cada día se nos van las horas de besos, de caricias, de amores. En el ocuparnos de todo lo que queda por cumplir, por conseguir, los objetivos que el mundo nos marca... en todo eso se nos va la vida. Poco a poco nos perdemos y de repente gritamos desde dentro que necesitamos del otro, de tiempo de sofá y querernos más que nunca, cada día más. En el pasar del lunes, martes miércoles y etcétera se nos escapan los minutos de tenernos cerca, de abrazarnos como aquella primera vez. Sin embargo no se nos olvida, sabemos que nos queremos, nos necesitamos más que a nada en esta vida. Somos nuestro aliento y respirar. Da igual las páginas que pasen de la agenda, el 10 de marzo fue ayer, el primero de los que vendrán y yo sin ti no soy nada, como en las canciones. Te quiero. 

jueves, 25 de julio de 2019

Devoción

Hoy he salido a misa de ocho andando. Se me ha vuelto a olvidar la bolsa de pan duro para dársela a Mari. Se compró un robot de cocina que lo raya todo la mar de bien. He cogido el atajillo que me enseñó Perico y he llegado más o menos. Me he sentado en el segundo banco y he terminado de rezar el rosario con Visi que había llegado a la hora para dirigir el rezo con todas. Al terminar, me ha contado que este año no viene su nieta en agosto porque se va a un festival de esos que ahora están de moda. Pobre Visi, últimamente está muy sola. Ha empezado la misa pero yo no he estado atenta ni un minuto, me he quedado mirando al Cristo de la Piedad que está colocado en el centro del retablo. Quieto, sufriendo pero tranquilo, callado pero presente, serio pero emanando amor, un amor incalculable. No he podido evitar asemejarlo a mi pobre Perico, quieto y callado en su cama, como un muerto viviente. Lleva así más de tres años, desde que ya no se puede mover del todo. Recuerdo los primeros días de la dichosa enfermedad. Se le caían las tazas, rompía todos los vasos y dejó de bajar a jugar a las tabas con los otros porque decía que no le apetecía. Elpidio me contó que en realidad es que ya no lograba coger las fichas una por una y se sentía torpe. Al principio todavía podía preparar el aperitivo en el porche, sacar los pepinillos y colocar las lonchas de queso 'para que quede bonito' como él dice, decía. Empezó siendo eso, una simple torpeza. Sin embargo no había día que no se sintiera peor, cada vez peor, nada mejoraba, nunca. Hace tres años no lograba mover las piernas y me dijo: 'Churrita, hoy no quiero desayunar en el salón, por qué no desayunamos aquí, como si fuéramos recién casados'. Perico es así, un romántico de campo que me robó el corazón con estas cosas, su amor sencillo, su amor enamorado que me gusta decirle a mí. Desde entonces no pudo desayunar en otro sitio. Una vez a la semana se acerca una enfermera para darle la vuelta y hacer unos ejercicios con él. Yo me quedo siempre con ellos para que Perico no se ponga tonto que le encanta ligar con las jovencitas. 
Perico ya no habla mucho, como el Cristo de la Piedad, no sonríe, porque no puede; estoy segura de que sufre pero no lo dice nunca. Jamás se queja, mi pobre. Al llegar de misa me ha gritado desde la cama que fuera a ver las noticias juntos, como antes hacíamos. No dejo de llorar. 
Mi Perico, esta enfermedad nos está matando a los dos, no sé quién se irá antes. Pero yo no puedo más, se lo he pedido al Cristo en misa, que nos lleve juntos, que no me deje sin ti ni un solo día. 

miércoles, 8 de mayo de 2019

Living heart

Siguen llegando los mensajes de pésame, diciéndome que jamás te olvidarán, que allí a donde hayas ido seguirás cumpliendo años. Tu cumple es la semana que viene y no sé cómo vamos a celebrarlo. Podríamos hacer lo que hacíamos todos los años, estar juntos en casa con los niños, tú preparabas una súper merienda cena y elegíamos una peli. Ya veré que hacemos. No sabes cuánto te vamos a echar de menos, gordita, esto lo escribo porque necesitaba ponerlo en alguna parte. Pienso en ti a cada instante. No sé cómo vamos a salir de esta, intento pensar en qué harías tú, seguro que se te ocurrían mil cosas que hacer con los niños. A mí me está costando salir de la cama para ir a trabajar, o sea que imagínate lo que es meterse en ella solo, rezar solo y pensar que en dónde estarás. Espero que me eches de menos tanto como nosotros. Me imagino que cuando me acuesto, te acuestas a mi lado, en espíritu claro, pero no pido más. Sentirte por cinco segundos sería suficiente, entérate de si te dejan bajar de vez en cuando a vernos, deja alguna señal de que has estado, a lo mejor así se me quita este insoportable nudo que se me ha instalado en la garganta. Marcos te pinta en las hojas de sus cuadernos y Silvia te hace una canción todos los días en el coche yendo al cole. Yo no sabía qué hacer; como ellos, necesito dedicarte algo tangible para decirme que no te has ido, que siempre estarás dentro de cada uno. Te quiero mi vida, voy a ver qué hago de cena. 

viernes, 12 de abril de 2019

Restless heart

Dicen que las vistas desde el Matterhorn son inolvidables. Es como una filmina que se queda grabada en el subconsciente, como aquella canción que nunca se te va de la cabeza. Es quizá eso lo que me lleva a la montaña; coronar la cima e inscribir esa fotografía en mi memoria. Durante todos los viajes que hace mi cabeza, con todas las voces que se aglomeran en mis silencios, es en la montaña el único lugar que me permite estar en calma; yo solo con mi realidad. A veces, durante la travesía, aparecen mis personajes y cuesta que se vayan. En cierto modo es un verdadero fastidio, siempre lo he dicho, pero hay que procurar no ponerse pesimista. Si mi madre viera todo lo que me ha llegado a pasar, jamás lo creería. Me he dedicado a seguir caminando, allí donde me llevaran mis pasos, sin tener a nadie con quién encontrarme en realidad. Pero me olvidé de que nunca hay que fiarse de un loco como yo y me han llevado demasiado lejos. Mis hermanas no ganan para disgustos y que no les quedan ya oraciones que ofrecer por mí. Hace años que no voy a Madrid y ya hace mucho frío en Cracovia. 

Creo que voy a darme unas vacaciones para recorrer los picos catalanes y recordar las alturas que vi en su día, quizá es solo un capricho para renovar la memoria que tengo de ellos, luego volveré a Cracovia. En cuanto consiga callar las voces que conviven conmigo, necesito el silencio de la montaña para pensar con claridad. 

Prometo estar pronto de vuelta. 

Del recuerdo

No sé con qué quedarme, si con tus últimos años o con mis primeros recuerdos de ti. No sé cómo resumir o cómo expresar lo que eras en mi vida. Quizá te parezca mentira, porque siempre me ha costado expresarme, y más, expresar lo que siento. Siempre he sido consciente de que era una afortunada de poder disfrutarte, te hemos tenido durante tantos años... Incluso en estos últimos momentos no dejabas de regalarnos tu silenciosa sonrisa, tus gestos de entusiasmo cuando veías algo que sabíamos que te haría feliz. Tu presencia, eso que ahora echamos tantísimo de menos. Cuando te pienso, me viene a la cabeza el sonido de tu voz al oír que llegábamos a casa. Muchas veces mamá nos llevaba los viernes después del colegio a verte. La abuela sacaba una merienda como para un regimiento, y entre los tres, contigo, nos la acabábamos. Cuando te pienso, prefiero recordarte en la playa de Somo con las manos colocadas en la espalda, vigilando que no hubiera tiburones en la costa o sacando a Mosto a pasear por las Dehesas de Cercedilla, día tras día, sin cambiar de ruta. Porque tú eres así, de ideas fijas, de pocos cambios y ninguna flexibilidad. Ese es tu encanto. Llevas siendo el mismo desde los 70 y eso te hace único. A medida que íbamos creciendo, para ti el tiempo no dejaba de pasar. Maldito monstruo hambriento que no deja que disfrutemos siendo conscientes de la velocidad a la que pasa. Cuando ya fui más mayor, tus piernas no te dejaban echarme un 21 en la canasta de Cerce o pasear juntos a Mosto. Cuando fui más mayor, ya no recordabas las historias de tu infancia ni las canciones de la abuela. Sin embargo, cuando te pienso es tu sonrisa lo que me viene primero a la cabeza y aunque mañana te despediremos definitivamente, yo nunca sabré decirte adiós, abuelo. 

jueves, 31 de enero de 2019

In fact, it is true

Soy la sonrisa en tus fotos. Soy la esperanza que jamás pierdes, aunque yo la pierda de constante. Soy la ternura que aflora cada mañana por tus poros. Soy tus ganas de reírte de la vida. Soy tus bailes ridículos por el pasillo de casa. Soy tu forma de seducirme como nadie y volverme loca. Soy todo lo que tú eres para mí, ¿a que no lo sabías? La vida nos da mucho más de lo que esperamos de ella. Yo no te esperaba, y sé que tú jamás te imaginaste que fuera posible. Pero lo es, y lo estamos viviendo.

miércoles, 16 de enero de 2019

I'll leave this here.

Me casaría contigo mil veces, y si eso es meter la pata, me equivocaría un millón de veces. Eres lo mejor que me ha pasado en esta vida. Lo mejor. 

miércoles, 26 de diciembre de 2018

Lo que ya sabes

Si me quedo sin batería jamás te llegará este correo. Me he prometido que si ocurre es porque no te debía llegar. El otro día al verte a través del cristal sentado en tu despacho, repasando las mil y una facturas que te había entregado tu becario para comprobar que todo está en orden, pensé que no podría ser feliz en una vida sin ti. Llámame lo que te dé la gana: idiota, romántica o descerebrada, prefiero que me llames una de esas cosas a que te quedes callado. Desde nuestra cena en el Ricotta no dejo de pensar en ti, no dejo de soñar con nosotros y no dejo de ver lo maravilloso que sería si te atrevieras. He oído las historias de tus no conquistas, esas chicas a las que invitas a café para no volver a casa, para probar suerte y ver si son la afortunada a la que harás feliz. A mí me has conquistado, y algo me dice que tú ya no eres el mismo. Las chicas de reprografía dicen que estoy mal de la cabeza, que eres un tío muy raro al que cuesta sacarle una sonrisa; yo el otro día te saqué más de tres, y conseguí que me dieras un beso en la mejilla. Esto no es una declaración, creo que ya nos declaramos suficiente el otro día, es una invitación, a intentarlo, a realizar eso que dijiste de hacer lo que se quiere de verdad, lo que el alma te dice que es lo correcto. Me queda un 8% de batería y estoy terminando, creo que te va a llegar el correo mañana y tendré que subir hasta la planta tercera sabiendo que lo sabes. Pero me fío de mí, de lo que el alma me dice que es lo correcto. 

Espero que tengas un día maravilloso, 

Dorothy

lunes, 17 de diciembre de 2018

Este absurdo mundo a veces...

Todos los lunes hacemos lo mismo. Tomás nos cita en un café cerca de su casa, que en realidad nos queda cerca a todos, nos pedimos un café y empezamos a hablar de lo que sea. A veces, es un análisis exhaustivo sobre la situación política de España: todo un discurso lleno de tacos y pasión en el que los socialistas son unos cobardes medio gilipollas y los artículos de El País le hinchan las venas de rabia. Otras, versan sobre las clasificaciones de la liga de fútbol o las lesiones de los jugadores del Betis. Tomás es un sevillano afincado en Madrid desde el 64 cuando tuvo que mudarse por "cosillas del trabajo que le arrancan a uno de su tierra". Jeromín y el resto, seguimos callados, interrumppiendo de vez en cuando con algún comentario que por inoportuno que sea, siempre da pie a que Tomás añada algo o empiece con otro tema. Los lunes son siempre lo mismo pero jamás resultan iguales. 

Hoy es lunes, y Tomás no nos ha citado en el café de siempre, lleva dos días en el hospital con una mierda de enfermedad que le quita las ideas de la cabeza y hace que cada vez sus pulmones sean más inútiles. No tengo valor para verle, así que le he escrito una carta que Jeromín le ha llevado esta mañana. Llevo dieciocho años tomando té con él en el Viena Capellanes de Marqués de Urquijo y no voy a dejar que ningún hospital me arrebate la imagen apasionada que tengo de mi amigo. Me aterra la idea de ver que algo tan vivo pueda estar tan al borde de la muerte, que un corazón tan grande pueda dejar de latir por esta vida. Tomás no se irá jamás de mi memoria, no voy a permitirlo. A la vuelta del hospital, Jeromín me ha asegurado que le ha leído la carta y que le ha sacado alguna que otra sonrisa, de una carcajada casi se ahoga. Qué animal es. 

                                                                 *    *    * 

Hoy es lunes, y Tomás no nos ha llamado para bajar a comentar la jugada. Ya no puede ni leer mis cartas, ni beber café, ni cagarse en los políticos españoles. Hoy es lunes pero, para mí, jamás volverá a serlo. He arrancado los lunes del calendario, porque ya no tienen sentido. 

lunes, 10 de diciembre de 2018

Huset

Para mí es el sentimiento de llegar a casa y estar donde debo estar, es no querer irme si está ella. Creo que me pasa esto desde la primera vez que hablamos. Siempre me pareció una chica bastante borde, pero yo estaba demasiado bien a su lado; tan bien, que sentía ganas de correr y alejarme de lo desconocido. Pensé que me venía grande o yo qué sé qué pensé y me dediqué a conquistar otros corazones, pero siempre pensé en ella, en ese sentimiento de estar donde debía estar. La vida da muchas vueltas, y años después, esperando el autobús, apareció ella de nuevo. Los años, dicen, dan experiencia y quitan miedos, pero al verla, sentí un miedo terrible a volverme a equivocar, a dejarla escapar. Sentí que podía volver a perder lo que era mi casa, donde debía estar. Me acerqué y hablamos. La vida había estado dando vueltas para ella también y había crecido, seguía tan borde como siempre, pero se había dejado limar por los contratiempos que hubieran ocurrido en los años en los que le perdí la pista. Esta vez no la dejé escapar. Y pudimos construir la casa en la que debíamos estar ambos, la nuestra. Por eso, hoy llegar a casa es llegar a ella, al sentimiento de saber que estoy donde debo estar, que en ningún sitio estaré mejor. 

viernes, 23 de noviembre de 2018

Breve paréntesis.

Llevo meses sin poder sacar ninguna palabra en claro. No escribo ni un párrafo que valga la pena. Lo he intentado todo: volver a leer a los clásicos, ponerme un té calentito y buena música. Estar mucho con John y pensar en todo lo que quiero. Nada. Estoy en la sequía más absoluta. Entiendo que la oficina me consume y que estoy harta de leer los informes de final de mes (terriblemente escritos, por supuesto). Estoy cansada de oír lo mal que va todo y sobre eso no me apetece escribir. Siento que viajo desde el salón de mi casa pero que luego, al abrir el ordenador todo desaparece, se desvanece como las notas de la música cuando ya se ha acabado la fiesta. John dice que tengo que volver a escribir, que no es natural en mí estar sin poner nada por escrito. Lo cierto es que sí que escribo, pero cosas demasiado íntimas que solo él y yo podemos leer, y eso no va a hacer un libro. La vida está llena de fechas límites, pero para escribir yo no tengo horarios, no tengo presión y quizá es lo que me hace falta. Por ahora voy a dejar esto así que está pitando el horno y tengo que sacar la quiche. Esta noche vienen mis padres a cenar y espero sacar ideas sobre una copa de buen vino y los ojos de mi padre. 


lunes, 23 de julio de 2018

del cielo al Cielo

Solía sentarse a eso de las cuatro y media a leer en el salón. Al rato, se preparaba un té con un par de trozos de queso y pan, si quedaba de la comida. Solía pasarse así dos o tres horas, mientras la tarde seguía su curso. A las siete y media, casi rozando las ocho, llegaba su nieta Marthe a cenar con ella, a prepararle la cena. Marthe era huérfana desde hacía un par de años. Un accidente de coche. Desde aquel día vivían juntas.

Cenaban juntas, y Solange le contaba a Marthe mil historias de sus veranos en el norte, de cómo recordaba lo poco que recordaba de la guerra. Decía que prefería olvidarlo todo. Hablaban del abuelo Thomas, de cómo era, de lo que estaría diciendo en aquel momento. Solange ya no dormía bien, a su edad, decía, queda tan poco de vida, que Dios se ocupa de mantenernos en vela para saber cuándo llega. Entonces, después de cenar, Solange cogía sus agujas y se ponía a hacer punto. Marthe se sentaba a leer a su lado hasta que se le cerraban los ojos y decidía que era momento de irse a la cama. 

A partir de las diez y media o así, Solange se quedaba sola en el salón de nuevo. En realidad, si le preguntases, te diría que no estaba sola. Era la hora a la que llega Thomas a casa, se sentaba con ella y se quedaban juntos, simplemente a estar el uno al lado del otro. A veces le besaba en la frente y le leía alguna página de su libro en alto, mientras ella cosía. Los momentos así, con Thomas a su lado, como siempre, como solían estar, eran los que hacían que Solange consiguiera conciliar el sueño, aunque fuera por unas horas. Cuando se le entrecerraban los ojos, Thomas se iba, solía hacerlo sin despedirse, porque sabía que siempre iba a volver. Entonces Solange preparaba el desayuno para Marthe y se acostaba. 

Llegó un día en que Thomas le dijo que por qué no se iba con él, que huyeran juntos. Solange pensó en Marthe, en que no quería dejarla sola. Pero a la vez necesitaba volver a estar con Thomas para siempre. Se acercó a la cama de Marthe, le besó en la frente y le dejó un diario suyo sobre la mesa. Allí encontraría historias que leer, historias que contar, y no se sentiría tan sola.