No sabía lo que hacía y a la vez era demasiado consciente. Las cosas pasaban demasiado rápido pero a cámara lenta. El tiempo corría en una dirección desconocida y nunca se paraba a esperar. Sus ojos hacían más que hablar cuando se cruzaban por los pasillos, un guiño de él y la rápida sonrisa de ella. Cada momento era algo preciado y precioso. Miraban al cielo, esperando a la primera estrella que pasara, pedir un gran deseo y juntos hacerlo realidad.
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